Las
empresas forjadas en el tiempo, con
muchos altibajos y tanta dedicación, han
hecho que “el dueño” o “los dueños” en su amplia mayoría, no tengan la posibilidad de mirar más allá de
los arbustos, para tener una visión amplia de cómo se mueven las cosas allá afuera
y se pasan los años haciendo exactamente lo mismo, sin generar ningún valor
agregado a su quehacer.
“romper
el molde” es pensar distinto, buscar oportunidades, encontrar las rendijas que abran
gradualmente esa visión
Para
ello es necesario e indispensable entender el nuevo paradigma en el que ya
estamos inmersos. Y para ello lo único válido es evaluar constantemente las
áreas de mejora y de oportunidad, evolucionando en función de una doble visión
que ya es obligatoria, para todo aquel empresario que se precie de estar
actualizado: Operación a corto plazo, estrategia a mediano y largo plazo
El para
qué? Puede ser útil en 3 cosas; estar
alertas del entorno, seguir siendo sostenibles manteniendo el liderazgo y
nuestras cuotas de mercado o para poder afrontar una eventual decisión de
crecimiento en todos los aspectos
Una marca
si no se gestiona adecuadamente puede constituirse en una “trampa” donde se
instala la comodidad que tiene su sustento en el “crea fama y échate a dormir” y
se necesita ser muy autocritico, para reconocer que el suelo sobre el que se pisa, se está
convirtiendo en arena movediza que requiere algo más que complacencia.
Cuando
en una empresa al paso del tiempo, no
hay más valor intrínseco que su personal calificado sometido a grandes
presiones y solo va quedando tiempo para apagar los incendios diarios en turno
y seguir. La situación se torna crítica.
Aquí se
tienen dos escenarios: seguir en ese
derrotero y destrozar el trabajo de décadas de dedicación y esfuerzo o asumir
los riesgos que implica el cambio y desplazar o eliminar todas las resistencias
que se dan cuando quieres mejorar el modelo para hacerlo competitivo, sólido y
organizado.
Todo esto
no es cuestión de rentabilidad sino de expectativa:
tras lustros de trabajo la empresa pudiera valer casi lo mismo que cuando
arrancó, pero con una mayor desorganización. Ajustar el mapa mental es imprescindible para
cambiar la dinámica.
Reinventarse
y buscar ese balance para que la empresa permanezca o crezca dentro del mercado
y deje de estar expuesta a los vaivenes del mismo, es un riesgo que cada
empresario debe asumir y muchas veces es un riesgo que se evita tomar.
Sea
exitoso el resultado o equivocado el camino tomado, aprendemos de nuestros
errores y decisiones intentando. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero
arriesgar es parte de todo proceso de crecimiento.
Muchas empresas familiares
que lograron el objetivo de trascender y ser referente del mercado, pudieron
expandirse y consolidarse mejorando su capacidad de delegación y de rendición de
cuentas. La principal limitación de la gran mayoría de ellas es la limitada visión
y el temor de incluir “personas ajenas“ “capital humano calificado”
Las grandes
organizaciones han demostrado que la solución en ese sentido es rodearte de
talento y ceder responsabilidades, esto lleva a las organizaciones a donde era
impensable.
Crece el negocio, crecen
las personas y todo esto, no está para
nada reñido con la idea de seguir realizando en el negocio las cosas y tareas
que más le gustan al propietario.
El otro extremo, es
mantenerse ahogado en la parte operativa, mientras nadie lleva la parte estratégica
ni de planteamiento de objetivos en el corto y mediano plazo, lo que hace a un
negocio estancarse, con la falsa creencia del “así estamos bien”, hasta que un día
la realidad los sitúa en un callejón sin salida, que siempre es un
lugar a donde nadie como empresario desea llegar.

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