domingo, 30 de agosto de 2020

Sin raíces no hay alas y sin desafíos, crecimiento

 




Las empresas  forjadas en el tiempo, con muchos altibajos y  tanta dedicación, han hecho que “el dueño” o “los dueños” en su amplia mayoría,  no tengan la posibilidad de mirar más allá de los arbustos, para tener una visión amplia de cómo se mueven las cosas allá afuera y se pasan los años haciendo exactamente lo mismo, sin generar ningún valor agregado a su quehacer.

 

“romper el molde” es pensar distinto, buscar oportunidades, encontrar las rendijas que abran gradualmente esa visión

 

Para ello es necesario e indispensable entender el nuevo paradigma en el que ya estamos inmersos. Y para ello lo único válido es evaluar constantemente las áreas de mejora y de oportunidad, evolucionando en función de una doble visión que ya es obligatoria, para todo aquel empresario que se precie de estar actualizado: Operación a corto plazo, estrategia a mediano y largo plazo

 

El para qué?  Puede ser útil en 3 cosas; estar alertas del entorno, seguir siendo sostenibles manteniendo el liderazgo y nuestras cuotas de mercado o para poder afrontar una eventual decisión de crecimiento en todos los aspectos

 

Una marca si no se gestiona adecuadamente puede constituirse en una “trampa” donde se instala la comodidad que tiene su sustento en el “crea fama y échate a dormir” y se necesita ser muy autocritico, para reconocer que  el suelo sobre el que se pisa, se está convirtiendo en arena movediza que requiere algo más que complacencia.

 

Cuando en una empresa al paso del tiempo,  no hay más valor intrínseco que su personal calificado sometido a grandes presiones y solo va quedando tiempo para apagar los incendios diarios en turno y seguir. La situación se torna crítica.

 

Aquí se  tienen dos escenarios: seguir en ese derrotero y destrozar el trabajo de décadas de dedicación y esfuerzo o asumir los riesgos que implica el cambio y desplazar o eliminar todas las resistencias que se dan cuando quieres mejorar el modelo para hacerlo competitivo, sólido y organizado.

 

Todo esto  no es cuestión de rentabilidad sino de expectativa: tras lustros de trabajo la empresa pudiera valer casi lo mismo que cuando arrancó, pero con una mayor desorganización.  Ajustar el mapa mental es imprescindible para cambiar la dinámica.

 

Reinventarse y buscar ese balance para que la empresa permanezca o crezca dentro del mercado y deje de estar expuesta a los vaivenes del mismo, es un riesgo que cada empresario debe asumir y muchas veces es un riesgo que se evita tomar.

 

Sea exitoso el resultado o equivocado el camino tomado, aprendemos de nuestros errores y decisiones intentando. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero arriesgar es parte de todo proceso de crecimiento.

 

Muchas empresas familiares que lograron el objetivo de trascender y ser referente del mercado, pudieron expandirse y consolidarse mejorando su capacidad de delegación y de rendición de cuentas. La principal limitación de la gran mayoría de ellas es la limitada visión y el temor de incluir “personas ajenas“ “capital humano calificado”

 

Las grandes organizaciones han demostrado que la solución en ese sentido es rodearte de talento y ceder responsabilidades, esto lleva a las organizaciones a donde era impensable.

 

Crece el negocio, crecen las personas y todo esto,  no está para nada reñido con la idea de seguir realizando en el negocio las cosas y tareas que más le gustan al propietario.

 

El otro extremo, es mantenerse ahogado en la parte operativa, mientras nadie lleva la parte estratégica ni de planteamiento de objetivos en el corto y mediano plazo, lo que hace a un negocio estancarse, con la falsa creencia del “así estamos bien”, hasta que un día la realidad los sitúa en un callejón sin salida, que siempre es un lugar a donde nadie como empresario desea llegar.

 


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