jueves, 20 de marzo de 2014

Sin atributos, luchar suele ser causa perdida



El  hombre que intenta hacer su fortuna en esta antigua capital del mundo (Roma), debe ser un camaleón  capaz de reflejar los colores de la atmosfera que lo rodea, un Proteo capaz de adoptar todas las formas inimaginables. Debe ser maleable, flexible, insinuante, intimo, inescrutable, a menudo ruin, a veces pérfido, ocultar siempre parte de su conocimiento, utilizar un solo tono de voz, ser paciente, perfecto, dueño de su semblante, frio como el hielo, cuando cualquier otro hombre  seria todo fuego. Y si por desgracia no es religioso – algo muy común en un alma que reúne y cumple con los requisitos antes mencionados- , debe tener la religión en la cabeza, es decir, en el rostro, en los labios, en los modales. Si es un hombre sincero, debe sufrir en silencio el saber que es un hipócrita consumado. Un hombre cuyo espíritu detestara una vida semejante, debería abandonar Roma y buscar su fortuna en otra parte. No sé si estoy elogiándome o disculpándome, pero de todas esas cualidades, yo poseía solo una: La flexibilidad.

Giovanni Casanova  1725-1798

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