Uno
de los objetivos del ser humano y las organizaciones es la búsqueda de formas
que le permitan el crecimiento y la sobrevivencia en un mundo cada vez más
demandante y saturado de información.
Abraham
Maslow, un reconocido psicólogo, en sus charlas, narraba una historia que le
marco la vida. Cuenta que de pequeño, solía ir al sótano de su casa, donde su
madre almacenaba en época de crisis víveres. Ahí en un rincón, se encontraban
en una caja de madera, unas papas, que habían germinado y que tendían a buscar
la luz de la pequeña ventana de aquel oscuro rincón. Sin agua, sin aire, sin
tierra y con escasa luz sus posibilidades de sobrevivencia eran mínimas, sin
embargo aquellas pequeñas plantas aun bajo las circunstancias más
desfavorables, extendían sus débiles guías hacia la luz en su afán de
crecimiento.
Igual
los seres humanos, aun en las condiciones más desiguales, tienen una tendencia
natural a crecer y a luchar para obtener sus metas siempre y cuando el enfoque
sea, apoyarnos en lo que nos ayuda y no
en lo que nos detiene.
Una
de las situaciones que más afectan a una persona y también a propietarios y
dirigentes de empresas y organizaciones que buscan el crecimiento, está
relacionado a un concepto que nosotros los psicólogos conocemos como mecanismo
de negación.
La
negación se describe como la invalidación de una parte de información
desagradable o no deseada, que nos hace
ignorarla, viviendo la vida como si aquella no existiera.
La
negación en nuestras vidas, causa muchos estragos a nivel personal, familiar y
empresarial. El uso de cualquier forma de negación implica la falta de
esperanza y de voluntad para cambiar lo que sucede. Y es de esta manera como
hemos visto personas derrumbarse, familias desintegrarse y empresas desaparecer.
La
verdad es dolorosa, pero desde tiempos lejanos conocemos el refrán. “no hay mas
ciego que el que no quiere ver”. Si un problema lo tenemos frente a nosotros,
si hay personas que nos lo señalan y aun así nos empecinamos en negarlo. Tarde o temprano se pagara el precio.
Imaginemos que una mañana despertamos y vemos que una de las paredes de nuestra
habitación tiene humedad y empieza a descarapelarse, tenemos dos alternativas:
1 pagar a alguien para que solucione el problema o involucrarnos nosotros
invirtiendo lo necesario para darle solución, o: 2 ponerle un cuadro bonito
encima, pretendiendo que esa realidad no existe. La primera solución es la
adecuada, la segunda solo pospone con un mayor daño la solución definitiva.
Cuántas
veces hemos escuchado aseveraciones como las siguientes: “Fumar hace daño”, “Cuida a tu hijo anda en malos pasos”, “Falleció tu comadre X” , “Ese(a) muchacho(a) no te quiere hija(o)” ,“Tus
empleados te están robando” ,“Estas perdiendo dinero y mercados” , “No estás
adecuadamente organizado”, “No es un
buen trabajador”.
Y
cuantas veces escuchamos en un tono de reproche que nos recuerda a los abuelos o
al speech de hacienda, el clásico: te lo dije.
El
problema actual, es que vivimos en un mundo en el que no se puede sobrevivir en
un estado de negación. Para triunfar y salir adelante en esta cultura debemos
aprender a trabajar con el cambio, no con la negación. Lo único que le da
ventaja a las personas y a las organizaciones es cuando aprendemos a reaccionar
con prontitud y eficacia a los cambios. Evadir y negar situaciones nos hace sentir seguros por un tiempo,
pero negar la realidad nos lleva al conflicto tarde o temprano. El conflicto y
su confrontación son parte de nuestra lucha cotidiana, debemos aprender a ser
conscientes de que es inaceptable la indecisión y la postergación. Individuos,
empresas pequeñas y grandes cuando deciden ignorarlos, en el pecado pagan la
penitencia.

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