Por
Ramiro Hernández Pérez
Retomo este articulo que publique en este blog en 2019, donde hablaba que no bastaban las competencias y conocimientos
tanto del empresario como del consultor,
sino la manera como involucras a la gente en tu negocio. 6 años despues, el tema se enrarece aun mas con un escenario
digital que avanza demasiado aprisa y agrega mas combustible al fuego de los distractores
en el trabajo
No es la generalidad, pero los pocos
empresarios que desarrollan ideas para hacer crecer su negocio y no se quedan
inmóviles frente a ellas —sino que invierten tiempo, dinero y energía para
llevarlas al terreno de la práctica— reconocen que no siempre la estrategia o
plan que implementan arroja los resultados esperados y que hay que hacer correcciones
de rumbo.
Esa brecha entre lo planeado y lo logrado
no siempre es consecuencia de una mala planeación. Quizás no sea tan simple.
Como escribió Peter Bregman en Harvard Business Review, “la brecha existente no
se caracteriza por una pobre planeación de la estrategia”. Casi siempre es un problema con el comportamiento humano.
El resultado suele estar encubierto incluso
para el consultor más astuto, porque el reto no radica en la estrategia ni en
la metodología, sino en la conducta humana: en la capacidad de comprometerse,
alinearse y ejecutar con constancia.
¿Cuántas iniciativas, en su vida como
empresario, quedaron en el camino por la falta de compromiso del equipo?
¿Cuántas veces tuvo que dar marcha atrás porque las condiciones —internas o
externas— simplemente no se alinearon con la visión?
Bregman lo resume con precisión: “Para
entregar resultados estelares, la gente necesita estar súper alineada y
enfocada como un láser en las acciones de alto impacto que conduzcan a mejores
resultados.” Sin embargo, incluso en organizaciones que operan de forma
estable, existen personas desenfocadas, no alineadas o con conflictos de
propósito. Intentar dirigir un grupo con múltiples objetivos y motivaciones
dispares es, sencillamente, una tarea titánica. Difícil, sí. Pero posible.
La clave sigue siendo la misma: mantener el
enfoque y cuidar con disciplina los resultados definidos en la estrategia. Las
empresas exitosas entienden que adaptar la estrategia a la realidad requiere
más que buenos planes: exige esfuerzo, coherencia, liderazgo y, sobre todo,
compromiso humano.
La nueva brecha: tecnología, velocidad y
distracción
Hoy, la brecha entre estrategia y resultado
no solo tiene raíces humanas: la tecnología la ha ensanchado y, al mismo
tiempo, ha abierto posibilidades inéditas. Por un lado, las herramientas
digitales permiten medir, coordinar y optimizar como nunca antes. Los tableros
de control, los CRM inteligentes, la analítica de datos y la inteligencia
artificial ofrecen precisión y visibilidad. Pero por otro lado, la
sobreexposición a información, la inmediatez y la constante digitalización del
trabajo han generado nuevos ruidos mentales y dispersión operativa.
Muchos líderes se encuentran gestionando
equipos “hiperconectados” pero emocionalmente distantes, saturados de métricas,
pero sin una visión clara del propósito común. La tecnología, mal integrada,
puede convertirse en el nuevo enemigo del enfoque.
Del control al compromiso
Las compañías que logran equilibrar
estrategia, tecnología y humanidad no son necesariamente las más grandes, sino
las que entienden que la ejecución no es un proceso técnico, sino cultural. Que
los sistemas deben servir a las personas, no reemplazarlas. Y que la velocidad
digital no puede sustituir la claridad del propósito.
Adecuar la estrategia a la realidad, hoy
más que nunca, implica también reprogramar las conductas: fomentar colaboración
auténtica, entrenar la disciplina digital y usar la tecnología como un
amplificador del compromiso, no como un sustituto de la atención humana.
Las organizaciones que comprenden esto
siguen marcando el paso del mercado. Las que no, caen víctimas de su propia
disrupción.
Recomendaciones para Reducir la Brecha
entre Estrategia y Ejecución
🧭 1. Nivel Estratégico: Claridad, Simplicidad y Enfoque
- Define pocas prioridades, pero bien elegidas. Las estrategias fallan más por
exceso que por defecto.
- Vincula cada objetivo con acciones medibles. Las metas deben bajar del
PowerPoint a la agenda diaria.
- Revisa y ajusta con frecuencia. Las organizaciones ágiles ajustan su rumbo
cada trimestre o incluso cada mes.
- Evita la “parálisis del análisis”. La acción controlada —con margen para
aprender— es más efectiva que la planeación eterna.
👥 2. Nivel Humano: Conducta, Compromiso y Cultura
- Selecciona y desarrolla líderes intermedios sólidos. La ejecución vive o
muere en la línea media.
- Conecta el propósito personal con el propósito organizacional. Sin sentido,
no hay compromiso.
- Crea rituales de enfoque. La disciplina del enfoque no se decreta: se
practica.
- Reconoce y comunica logros tangibles. Celebrar resultados refuerza la
motivación.
- Forma una cultura de responsabilidad compartida. Cada persona debe saber lo
que se espera de ella.
💻 3. Nivel Tecnológico: Aliado, no Obstáculo
- Usa la tecnología para simplificar, no para complicar.
- Centraliza la información clave. Todos deben ver la misma verdad.
- Fomenta la colaboración digital con propósito. Evita el ruido digital.
- Entrena en disciplina digital. No basta con dar herramientas: hay que enseñar
a usarlas con foco.
- Combina datos con juicio humano. La tecnología debe amplificar la
inteligencia colectiva.
⚙️ Conclusión
Cerrar la brecha no es cuestión de control, sino de alineación consciente. Las
empresas que logran hacerlo consiguen tres sincronías:
- Una estrategia clara,
- Una cultura comprometida,
- Y una tecnología bien integrada.
El verdadero reto no es planear mejor, sino
ejecutar con coherencia en un entorno donde la velocidad tecnológica exige más
claridad humana que nunca.
por otro lado, querer como empresario hacer que funcione el negocio y sumar todo lo anterior, tiene generalmente una ejecucion pobre y unos resultados cuestionables, ya que cada una de las anteriores recomendaciones, lleva una metodologia que se encuentra mas alla del bosque que rodea a la organizacion.

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