viernes, 1 de mayo de 2015

¿Cuanto pierdes mientras decides?


Para crear, mantener o hacer crecer una empresa, se tiene que hacer  un serio análisis del desempeño del negocio, enfrentarse todos los dias a preguntas complejas y permanecer en constante cambio.

Todo el sacrificio, el trabajo arduo que realiza el empresario a veces necesita de metodos y formas diferentes de abordar las dificultades cotidianas ¿como le hago? ¿hacia donde canalizamos nuestra energía?  ¿que situaciones abordamos primero y que después? y en ese inter de querer crecer de manera mas organizada el tiempo pasa y la decision esta ahi, detenida y los datos y numeros suelen superar la percepcion favorable de que todo esta bien. 

El enemigo numero uno de la empresa, se encuentra en la ceguera de taller, que no permite al empresario ver las oportunidades y lo convierte involuntariamente en el principal detractor del negocio. 

La lucha interna que se da para poder avanzar es dificil y en ocasiones se alimenta del ego, disfrazado en la creencia de que no se necesita de ayuda para avanzar, del yo conozco bien el negocio, yo se como se hacen las cosas, etc.    Esta percepción disfrazada de positiva causa mucho daño al negocio en imagen, en servicio, en resultados, que gradualmente van dañando el aspecto financiero del mismo.

Organizarse, enfocar objetivos, administrar adecuadamente los recursos que se tienen, planear el crecimiento suele en muchos casos  requerir de apoyo externo y el empresario es el que finalmente decide los resultados de su negocio.

Pero mientras se da esa terrible lucha de decidir el siguiente paso, los clientes, los proveedores y hasta el personal van pagando el precio , que finalmente impacta en las utilidades del negocio.

Las formas, las maneras y los momentos en que todo esto sucede, pueden percibirlos casi todos, principalmente el cliente, que tarde o temprano al no ver un cambio a sus quejas, a sus criticas y a los resultados que obtiene por lo que pagan, suelen terminar buscando mejores opciones.

Y sucede la vieja historia del cliente cautivo, que se decanta por un nuevo proveedor de bienes o servicios y se va silenciosamente a dejar en otras manos lo que tanto esfuerzo y tiempo ha costado ganar.



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